sábado, 31 de agosto de 2019
Hay que romper los huevos para hacer tortillas...
Esta frase, dicha por una buena persona, me hizo reaccionar. No voy a decir que "para bien", pero algo es algo. Esta claro que no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos, de la misma manera que no se pueden decir las verdades, hablar de sentimientos, sin hacer y hacerse daño. Han sido horas de lágrimas, de abrazos, de "te quiero",... pero luego han llegado los reproches, las excusas, las lamentaciones..., en definitiva, que vamos a ver de que sirve el hacerse tanto daño. Uno tiene claras sus vivencias, sus "sentencias" después de ver las opiniones, pero cuando te dicen que eso no es así, que lo que tu has vivido no se corresponde con la realidad, que son "cosas tuyas", que has malinterpretado algunas acciones y sus resultados, pero no te dicen cual es la realidad, la verdad, no sabes si apretar y seguir "encabronado" con tus ideas o dejarlas pasar, esperar que se relajen para volver a meterlas en su caja, cerrarla, poner el candado y volverlas a guardar en el armario, a ver si la próxima vez que se habra la cajita ya ha dejado de tener importancia, ya ha dejado de provocar sentimientos encontrados, en definitiva, si se ha podrido definitivamente... Y así estamos.
lunes, 26 de agosto de 2019
La prueba del algodón.
Se trata, no si alguien lo recuerda, de un anuncio de un producto de limpieza que decía algo así como "el algodón no engaña". Bien, con este título me quiero referir a que en la vida es necesario, casi siempre, asegurarse de que, lo que uno opina es correcto, mediante pruebas más o menos empíricas. Así que después de tener un rato de charla con una persona a quién decidí darle el tostón con mis neurastenias, (en parte culpa suya por preguntar ¿cómo estás?) entre las que se encuentra mi creencia de que sólo he recibido negativas a cualquier cuestión/petición que yo haya planteado. No hace falta pensar en temas más o menos delicados como peticiones de tipo sexual ni nada así, que también, si no en cuestiones que podríamos calificar como de "banalidades" como por ejemplo "vamos a tomar un café", "Vamos al cine", y cosas de este estilo. Ayer noche, sin prepararlo ni buscarlo, tuve la demostración de que mi opinión sobre este tema es correcta. Después de cenar, fueron desapareciendo las personas con las que estaba. Una a una. Sin tregua pero sin pausa. Cuando solo quedaba una persona cerca de mi, que, casualmente, coincidía con la que he comentado más arriba (Si, la que le dí el tostón) le pedí que me hiciese compañía durante 5 minutos. Solo 5 minutos. Nada más. No creo que haga falta una encuesta para conocer la respuesta ¿no? Eso sí, con una excusa piadosa para no "herirme". Solo falta comentar que era muy pronto, como dos horas antes de la hora habitual para irse a dormir en estos días... Dos horas más para añadir a mis ratos de soledad, de vivir con mis recuerdos, mis malos recuerdos, recuerdos que hacen daño cuando los revives y que aparecen una y otra vez de manera recurrente en mi cabeza. Esta noche, más tarde, cuando no podía dormir, cuando los fantasmas de juventud venían una y otra vez a recordarme lo imbécil que soy, me levanté para ponerme delante del espejo y buscar el letrero. Ese letrero que seguro llevo en algún sitio bien visible para las demás personas y que no encuentro en el que pone algo así como "Este tío es gilipollas, tiene el pene pequeño y no sabe usarlo". Y no lo he encontrado. Tendré que seguir buscando. Seguro que está.
¿Hay alguien que me siga en este blog? No hace falta mucho tiempo para dejar una nota, o contactar conmigo por Email... cboter@gmail.com. Sería bueno saberlo. Bien pensado, no hace falta. Ya se la respuesta, ¿verdad?
¿Hay alguien que me siga en este blog? No hace falta mucho tiempo para dejar una nota, o contactar conmigo por Email... cboter@gmail.com. Sería bueno saberlo. Bien pensado, no hace falta. Ya se la respuesta, ¿verdad?
domingo, 25 de agosto de 2019
Hoy toca hablar de la noche.
Esta noche ha sido dura. Como hacía tiempo que no lo eran. Las primeras horas, como siempre. "vete a la cama, que ahora voy yo". 'Ahora' significa un par de horas, no sea que aún no me haya dormido y me de por ponerme cariñoso, o sea, pesado, que es lo mismo. Por la tarde, había tenido una charla con mi cuñada, en la que afloraron cosas de la juventud, como los sinsabores, amoríos platónicos y demás idioteces de las que "disfruté" en esa etapa de la vida en la que se supone que se tiene el primer amor, en la que se despierta al sexo con escarceos mas o menos exitosos y en la que yo pasé mis "mejores" momentos de soledad mientras mis amigos y amigas me hacían sentir envidia cada vez que nos veíamos. Por la noche, esa charla se me indigestó y volví a revivir aquellos días de mierda en que mi mejor compañía eran las ocas del claustro de la Catedral de Barcelona. Aquellos días en que salía de casa para no ir a ningún sitio, en los que la tarde del sábado y el domingo se hacían eternos y deseaba con locura que pasasen esas horas, que llegase el domingo a la noche para acostarme y despertar el lunes para ir a trabajar, a estudiar y vuelta a casa de nuevo a dormir... Hasta que llegaba de nuevo el sábado, el horrible sábado, y al salir de trabajar a mediodía tenía que inventarme alguna escusa para huir de casa, esa casa que se me caía encima pero de la que, a la vez, no deseaba salir para no encontrarme de nuevo solo como un gilipollas, dando vueltas sin ningún rumbo hasta la hora de cenar. "Este fin de semana me voy a esquiar con los amigos". Y una mierda. Ell@s se iban a esquiar y yo me metía en cualquier sitio a dormir, lo que fuera con tal de no ir a un apartamento con los demás y seguir viendo lo mismo de siempre. Una vez si caí en la trampa. Me fui a esquiar con la "colla", pero fue una vez y no más, Santo Tomás. Después de cenar, tod@s se fueran con sus respectiv@s a la ama, y yo me quedé como siempre, solo, en el sofá del comedor, llorando de rabia y envidia como lo que soy, un imbécil, hasta la mañana. Así que, ¡hala! a desayunar y a esquiar cayéndome de sueño y listo. A la tarde, vuelta a casa, vuelta a la rutina y a desear que no llegase el sábado. No os penséis que en el trabajo la cosa iba mucho mejor. Trabajaba de cara al público, y en un barrio de gente obrera y de clase media-baja, con compañeros cuarentones que me metían en encerronas cada vez que entraba alguna chica joven en la oficina. "'Carlos!, ven a ayudarme que tengo mucha faena!" Me decía Eugenio cada vez que entraba una cliente, una niña rubia preciosa y con unos ojazos que quitaban los suspiros. Después, me caía la "bronca". Una bronca cariñosa y llena de buenas intenciones, eso sí. "Pero, como no le has dicho nada? Como no la has invitado al cine este sábado? El próximo día que venga por aquí, o le dices algo o se lo diré yo". Quizá hubiera sido mejor que se lo dijera él. A lo mejor no le habría dicho el "no" tajante que me soltó a mí. De nuevo , no, por que no, sin más explicaciones ni resquicios, nada que diera a entender que igual mañana sería "sí"...Llega el sábado de nuevo. Mierda de puta vida.
sábado, 24 de agosto de 2019
Agosto, querido Agosto.
Para mucha gente, agosto es el mes de verano por excelencia, vacaciones, playa, mar, montaña, viajes, relax, ... Por otro lado, ¿sabéis que es el mes en que se gestan más divorcios? El resto del año, el día a día te lleva de la mano hacia el día siguiente sin dar tiempo a pensar, pero durante las vacaciones tenemos más tiempo libre, más tiempo de convivencia con la pareja, más tiempo para discutir, en definitiva. También es un mes dado a los enamoramientos, si es que esto existe. Más bien reo que el calor, el día largo, el disponer de más tiempo para el ocio, hace que nos "entretengamos" en ver a gente con la que nos gustaría darnos un revolcón, aunque en algún caso, eso solo se quede en eso: un pensamiento sin más contenido.
Viene esto a cuento de que, durante unos días hemos estado en un apartamento con mi cuñada y sus dos hijos. Ella ha conocido a un hombre mas o menos de su edad, y no ha dudado en endosarnos a sus queridos hijos, para irse de cena (se ve que ahora se le llama ir a cenar...) con él. Hasta aquí, muy bien. Cuando a las 8 de la mañana no ha aparecido, su hermana se empieza a preocupar. Llamada de teléfono y "me tomo un café y vengo" (¿ahora también se le llama "tomar un café?). A las diez, nueva llamada. "Id hacia la playa, que ya voy directamente" (Ahora ya no sabe que nombre darle). A las 12 y media, nueva llamada: "Es que se nos ha estropeado el coche". Esta manera de llamar a las relaciones sexuales no lo había oído nunca... Ya la puntilla llega a la una y media, "¿me podéis venir a buscar?" Obviamente, ¿A quien le va a tocar hacer el memo e ir a buscarla al pueblo de al lado? Bien, lo habéis acertado. Sus hijos, que llevan todo el día preguntando por su madre y a los que no sabemos ya que excusa darles, se apuntan: " ¡yo voy, yo voy!" A la media hora de estar esperándola donde hemos quedado, tras cuatro llamadas no contestadas (¿qué estará haciendo?) me contesta por Whatsapp. "Ahora salgo". Mierda, ¡que envidia! En mi caso, para contar cinco polvos necesito coger el calendario y contar los años bisiestos. Ya lo dicen que los divorciados follan más que los casados... pero ¿tanto? No me lo imagino. Yo cuando era soltero, no me comí una rosca en toda esa etapa de mi vida. Y mi maravilloso "sex apeal" me hace pensar que nada cambiaría ahora... Supongo que, si habéis leído las entradas anteriores, recordaréis mis aventuras amorosas (así en plural parece que hayan sido muchas) que se limitaron a algún que otro amor platónico y para de contar. Así que solo me queda la envidia de compañera. Y nada de "envidia sana". La envidia nunca es sana.
Viene esto a cuento de que, durante unos días hemos estado en un apartamento con mi cuñada y sus dos hijos. Ella ha conocido a un hombre mas o menos de su edad, y no ha dudado en endosarnos a sus queridos hijos, para irse de cena (se ve que ahora se le llama ir a cenar...) con él. Hasta aquí, muy bien. Cuando a las 8 de la mañana no ha aparecido, su hermana se empieza a preocupar. Llamada de teléfono y "me tomo un café y vengo" (¿ahora también se le llama "tomar un café?). A las diez, nueva llamada. "Id hacia la playa, que ya voy directamente" (Ahora ya no sabe que nombre darle). A las 12 y media, nueva llamada: "Es que se nos ha estropeado el coche". Esta manera de llamar a las relaciones sexuales no lo había oído nunca... Ya la puntilla llega a la una y media, "¿me podéis venir a buscar?" Obviamente, ¿A quien le va a tocar hacer el memo e ir a buscarla al pueblo de al lado? Bien, lo habéis acertado. Sus hijos, que llevan todo el día preguntando por su madre y a los que no sabemos ya que excusa darles, se apuntan: " ¡yo voy, yo voy!" A la media hora de estar esperándola donde hemos quedado, tras cuatro llamadas no contestadas (¿qué estará haciendo?) me contesta por Whatsapp. "Ahora salgo". Mierda, ¡que envidia! En mi caso, para contar cinco polvos necesito coger el calendario y contar los años bisiestos. Ya lo dicen que los divorciados follan más que los casados... pero ¿tanto? No me lo imagino. Yo cuando era soltero, no me comí una rosca en toda esa etapa de mi vida. Y mi maravilloso "sex apeal" me hace pensar que nada cambiaría ahora... Supongo que, si habéis leído las entradas anteriores, recordaréis mis aventuras amorosas (así en plural parece que hayan sido muchas) que se limitaron a algún que otro amor platónico y para de contar. Así que solo me queda la envidia de compañera. Y nada de "envidia sana". La envidia nunca es sana.
viernes, 23 de agosto de 2019
Buscando inhibidores de la líbido.
Hace ya años, quizá más de treinta, fui al urólogo y le pedí que me recetase algún inhibidor de la líbido. El tío no se lo creía. Y, obviamente me mandó a hacer puñetas, eso sí, con muy buenas palabras. Me dijo algo así como lo que tenía que hacer era consultar con un Psicólogo, que me aconsejaría que hacer. Como si el psicólogo le fuera a decir a mi pareja que había que mantener relaciones al menos una vez a la semana y, para colmo, poniendo buena cara... Después, al cabo de unos años ya en la era de Internet, me dediqué a buscar algún producto que cumpliese esa función, ya que lo del psicólogo no funcionó, claro. Y resulta que no hay información más que "en negativo" de los productos que pueden producir ese efecto. Me explico: Todo lo que encuentro es en el apartado de "efectos contraproducentes". O sea, "este medicamento hay que tomarlo bajo control médico, por que puede producir una merma en el deseo sexual". Vamos a ver, ¡pero, si es lo que yo quiero! Pues nada. Parece que todos se han de tomar con cuidado y, en caso de que produzcan un bajón en el rendimiento sexual, hay que ir al médico... Pues vale. De aquí a pocos día iré de nuevo al médico, a ver si se vuelve a reír de mí... Ya explicaré como me ha ido.
martes, 20 de agosto de 2019
Me faltan títulos para las entradas...
Claro. Es que es muy cansino el repetir lo mismo, día si, día también. Diréis que soy un "plasta", pero es que mi vida es así. Muchas veces no explico mis sentimientos, no hago una entrada ya que sería repetir lo mismo de días anteriores, pero, a veces, solo a veces, me veo anímicamente obligado a volver a explicar mis sinsabores. Hoy, sin venir a cuento, se ha levantado "cruzada". ¿Por qué? Ni idea. De nuevo, sus preguntas "capciosas" han aparecido, sus comentarios... ¿como calificarlos? Es difícil. Ejemplo: ¿Por qué has hecho esto así? Yo lo habría hecho de otra manera, pero... Tú sabrás. El tono, podéis imaginarlo. De lo más conciliador. De nuevo, me asaltan las preguntas: ¿Tendrá algo que ver que, esta noche pasada, me haya despertado algo cariñosa? Ella, o no se ha despertado o lo ha disimulado de inmediato. En cuanto he intentado "entrar al trapo" se ha puesto a hacer la postura "del pez". Si, esa de "se da media vuelta, y nada." Por cierto, la última vez que "se dejó", al cabo de pocas horas me echó la caballería encima. "Ya, ya. Después de más de un año, para esto", "vaya asco de día", y cosas de este estilo... Según ella, no tiene nada que ver. Es que la perra se hizo "pipi" por la mañana. Pero, de nuevo, la casualidad. Lo siento, pero no me lo creo. Las casualidades no existen o, al menos, no tanto como para justificar que siempre (es un decir), coincida el aumento del mal humor con la actividad sexual. Es un decir, por que A veces me imagino que, si tuviésemos "mambo" un par de veces por semana, la situación sería insostenible. Bueno, más insostenible, ya que la situación es, casi siempre, de "respira hondo, que ya pasará". Pero no, no pasa así como así, Si acaso, aumenta.
Y vuelta la burra al trigo.
No es más que un dicho que refleja la caída y recaída del ser humano en sus propias miserias. Pero también es el reflejo de mi vida. Otra vez, hoy, mi pareja se ha levantado "cruzada". ¿Por que?. Ni idea. He llegado a imaginar muchas cosas, a lo largo de estos treinta y pico años que dura la situación. Pero ninguna se repite en un porcentaje "alto" para llegar a justificar los cambios de humor y poder así anticipar la situación.
Primero, hace muchos años ya, pensé que era por los cambios hormonales. Tuve que abandonar el pensamiento después de unos meses, al comprobar que los bajones no se repetían coincidiendo con los susodichos cambios hormonales. Luego pensé que era cuando teníamos relaciones. También lo tuve que descartar, dado que era muchísimo más infrecuente el sexo que los cambios de humor. Acabé pensando que se ponía de "mala castaña" cuando se peleaba con "el otro" u otra. No tengo ni idea ni es demostrable. Una tras otra, todas la teorías fueron perdiendo peso y pasando a ser una anécdota, en la que sólo hay, y sigue habiendo, un denominado común: El mal humor, los lloros, las palabras "agrias", las respuestas o bien monosilábicas o bien con "pinchos" (No se como definir esas respuestas en las que se aprecia un sabor agrio, una "mala uva" que, aparentemente, desea hacer daño...)
Sigo creyendo, cada vez con más intensidad que, fuera lo que fuese lo que pasó en la década de los 80, tiene mucho que ver con ese estado anímico que cada dos por tres le vuelve a provocar un estado de mal estar general...
Hay días que lo llevo mejor. Hay días que lo llevo peor. Hay días que intento "pasar". Difícil. Muy difícil pasar cuando tienes a tu lado una persona por la que sientes aprecio que no es feliz. Y que no te dice por que ni quiere decirtelo. El sentimiento de culpa aparece, se repite, sabes que algo hiciste mal y no sabes que es... No puedes hablarlo con nadie. Nadie te entiende o no quiere entenderte. Quizá eso sea problema exclusivamente mío. Nunca he tenido la suficiente confianza con nadie para explicarle mis dudas, mis pensamientos, mis sinsabores... Ni nadie ha tenido conmigo la empatía necesaria para que yo me explayase... Pocas, muy pocas veces, he sido capaz de hablar a alguien de mis sentimientos, y casi siempre he acabado "trasquilado". La mayoría de veces las personas a las que me he confiado, han acabado usando lo que he dicho para usarlo en mi contra, o, lo que es casi lo mismo, a su favor. En fin, que hoy tenemos un día entretenido. Como muchos otros.
Ya ves, la burra vuelve al trigo.
Primero, hace muchos años ya, pensé que era por los cambios hormonales. Tuve que abandonar el pensamiento después de unos meses, al comprobar que los bajones no se repetían coincidiendo con los susodichos cambios hormonales. Luego pensé que era cuando teníamos relaciones. También lo tuve que descartar, dado que era muchísimo más infrecuente el sexo que los cambios de humor. Acabé pensando que se ponía de "mala castaña" cuando se peleaba con "el otro" u otra. No tengo ni idea ni es demostrable. Una tras otra, todas la teorías fueron perdiendo peso y pasando a ser una anécdota, en la que sólo hay, y sigue habiendo, un denominado común: El mal humor, los lloros, las palabras "agrias", las respuestas o bien monosilábicas o bien con "pinchos" (No se como definir esas respuestas en las que se aprecia un sabor agrio, una "mala uva" que, aparentemente, desea hacer daño...)
Sigo creyendo, cada vez con más intensidad que, fuera lo que fuese lo que pasó en la década de los 80, tiene mucho que ver con ese estado anímico que cada dos por tres le vuelve a provocar un estado de mal estar general...
Hay días que lo llevo mejor. Hay días que lo llevo peor. Hay días que intento "pasar". Difícil. Muy difícil pasar cuando tienes a tu lado una persona por la que sientes aprecio que no es feliz. Y que no te dice por que ni quiere decirtelo. El sentimiento de culpa aparece, se repite, sabes que algo hiciste mal y no sabes que es... No puedes hablarlo con nadie. Nadie te entiende o no quiere entenderte. Quizá eso sea problema exclusivamente mío. Nunca he tenido la suficiente confianza con nadie para explicarle mis dudas, mis pensamientos, mis sinsabores... Ni nadie ha tenido conmigo la empatía necesaria para que yo me explayase... Pocas, muy pocas veces, he sido capaz de hablar a alguien de mis sentimientos, y casi siempre he acabado "trasquilado". La mayoría de veces las personas a las que me he confiado, han acabado usando lo que he dicho para usarlo en mi contra, o, lo que es casi lo mismo, a su favor. En fin, que hoy tenemos un día entretenido. Como muchos otros.
Ya ves, la burra vuelve al trigo.
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