domingo, 29 de septiembre de 2019

Paciencia, paciencia. Santa paciencia.

Otra vez. Otra vez ha pasado. Otra vez, después de lo que debería haber sido un día normal, comiendo con familia, hablando con más familia, han vuelto las lágrimas, las malas caras y las respuestas "duras", por llamarlas de alguna manera cuando nos hemos quedado solos. Y yo he perdido la compostura. Después de mucho años de aguantarme, de poner buena cara, de "morderme los nudillos" y evitar a toda costa "saltar" y cabrearme, llevo una temporada que me enfado. Se ve que los Reyes Magos este año no me trajeron el saco de paciencia lo suficientemente lleno... Y me siento mal. Aunque en el fondo se que no soy ni culpable ni responsable ni nada por el estilo del mal humor y la tristeza, no puedo evitar pensar que algo pasa, que algo podría hacer para evitarlo. ¿Será por que ayer me fui todo el día con un amigo? De nuevo, ¿casualidad? No creo en las casualidades. Y si cada vez que salgo solo, bien en moto, bien en coche o, incluso, a hacer alguna reparación a las pocas horas hay drama... No es que si me estoy en casa no pase, pero no cada día. Pero si salgo, si es cada día... Cada cual que saque sus propias conclusiones.

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