sábado, 7 de septiembre de 2019

Que poco dura la alegría en la casa del pobre...

Como muchos sabréis, se trata de un dicho que viene a significar que en donde no hay materia prima, es raro que haya buenos resultados. Y sí, esa es mi vivencia. He llegado a la conclusión de que como soy un gilipollas integral, un imbécil recalcitrante y un borrego de mierda, pues me toca aguantar esta porquería de sentimientos entrecruzados, de vivencias que no llegan a nada... Recordaréis que, hace unos días, comentaba que, después de "romper el hielo" y decidirme a expresar parte de mis sentimientos habíamos vuelto a la "normalidad", es decir, a "vete a dormir que ahora voy". Bien. Transcurrido un tiempo prudencial, o al menos eso me parece, me decidí a tomar la iniciativa, ¿resultado? Pues el que hace tiempo que no ocurría. Si, si. Exacto. Desde que no tomaba yo la iniciativa. Hoy, al despertar, malas caras, lloros, mal humor,... Vamos, malos rollos generalizados. No es que normalmente no sea así, pero ¿por qué eso malas rollos, mal humor, aumenta significativamente después de "una noche loca"? Que nadie piense que "una noche loca" significa 5 horas de sexo continuado ni mucho menos. Dudo que a mi edad pudiera aguantar ese ritmo ni con ayuda de pastillitas azules... Y menos aun con la falta de entreno acumulada. Bueno, una cosa más a añadir a la lista de "por qué"...

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